Cartas de Javier
(Una selección de textos de las
cartas de San Francisco Javier a distintas personas
e instituciones en Europa desde sus misiones en Oriente)
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una selección más amplia

“Rogad a Dios nuestro Señor que me dé
gracia de abrir camino a otros, ya que yo no hago nada”.
(A sus compañeros de Roma, 15 de enero 1544)
“Muchas veces me vienen pensamientos de ir
a los estudios de esas partes, dando voces como hombre que ha perdido el
juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona
a los que tiene más letras que voluntad para disponerse a fructificar
con ellas: ¡cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por
la negligencia de ellos! Y así como van estudiando en letras, si
estudiasen en la cuenta que Dios nuestro Señor les demandará de ellas, y
el talento que les tiene dado, muchos de ellos se moverían, tomando
medios y ejercicios espirituales para conocer y sentir dentro en sus
ánimas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus
propias afecciones, diciendo: “Señor, aquí estoy, ¿qué quieres que yo
haga? Envíame donde quieras; y si conviene aun a los indios… Está en
costumbre decir los que estudian: Deseo saber letras para alcanzar algún
beneficio, o dignidad eclesiástica con ellas, y después con tal dignidad
servir a Dios. De manera que según sus desordenas afecciones hacen sus
elecciones… Estuve cuasi tentado de escribir a la universidad de París,
cuántos mil millares de gentiles se harían cristianos, si hubiese
operarios, para que fuesen solícitos de buscar y favorecer las personas
que no buscan sus propios intereses, sino los de Jesucristo… Muchas
veces me acaesce tener cansados los brazos de bautizar, y no poder
hablar de tantas veces decir el Credo y los mandamientos en su lengua de
ellos”
(A sus compañeros de Roma, 20 de enero 1548)
“Estas islas son muy peligrosas por causa de las muchas guerras que hay
entre ellos. Es gente que dan ponzoña a los que mal quieren y de esta manera
matan a muchos… Esta cuenta os doy para que sepáis cuán abundantes islas son
estas de consolaciones espirituales: porque todos estos peligros y trabajos,
voluntariamente tomados por solo amor y servicio de Dios nuestro Señor, son
tesoros abundantes de grandes consolaciones espirituales… Nunca me acuerdo
haber tenido tantas consolaciones y tan continuas como en estas islas, con
tan poco sentimiento de trabajos corporales; andar continuamente en islas
cercadas de enemigos, y pobladas de amigos no muy fijos… Mejor es llamarlas
islas de esperar en Dios que islas de Moro”
(A la Compañía de Jesús de Europa, 22 de junio 1549)
“Muchas veces pensé que los muchos letrados de nuestra Compañía que a estas
partes vinieren, han sentir muchos trabajos, y no pequeños, en estos
peligrosos viajes pareciéndome que será tentar a Dios acometer peligros tan
evidentes, donde tantas naos se pierden; pero vengo después a pensar que
esto no es nada, porque confío en Dios nuestro Señor que las letras de los
de nuestra Compañía han de estar señoreadas por el espíritu de Dios que en
ellos habitará, porque de otra manera trabajo tendrán y no pequeño. Casi
siempre llevo delante de mis ojos y entendimiento, lo que muchas veces oí
decir a nuestro bienaventurado Padre Ignacio, que los que había de ser de
nuestra Compañía, habían de trabajar mucho para vencerse y lanzar de sí
todos los temores que impiden a los hombres la fe y esperanza, y confianza
en Dios, tomando medios para eso; y aunque toda fe, esperanza, confianza sea
don de Dios, dala el Señor a quien le place; pero comúnmente a los que se
esfuerzan, venciéndose a sí mismos, tomando medios para ello”
