La Iglesia y el IBI

En los últimos tiempos se ha venido hablando, una vez más, de los privilegios de la Iglesia, aunque no para referirse al gran privilegio de constituir un único cuerpo con Cristo, sino al de intentar escaquearse de sus obligaciones en el pago del IBI. Pues bien, creo que es conveniente recordar algunos hechos para poner este tema en perspectiva, pues la exención del IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles) no es en absoluto un privilegio especial de la iglesia católica. Por ley, están exentos de IBI los siguientes inmuebles:
· Los destinados a servicios públicos (Defensa, Seguridad, Educación y Servicios penitenciarios).
· Los destinados a usos religiosos por aplicación de Convenios con la Santa Sede, con la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas, con la Federación de Comunidades Israelitas y con la Comisión Islámica.
· Los pertenecientes a gobiernos extranjeros o que les sea de aplicación la exención por convenios internacionales.
· Los pertenecientes a Cruz Roja.
· Los terrenos ocupados por las líneas de ferrocarriles y los edificios enclavados en los mismos terrenos.
· Los colegios concertados.
· Los pertenecientes al patrimonio histórico-artístico.
· Las entidades sin fines lucrativos

No se oye que nadie reclame que paguen el IBI las mezquitas u otro tipo de templos, embajadas, colegios, grandes palacios, estaciones de tren, etc.

Todo esto sin considerar que la Iglesia posiblemente sea en estos momentos de las instituciones que más esté haciendo para paliar el impacto de la crisis en los más desfavorecidos, pues este es un mandato que recibe del gran privilegio (este sí) de estar unida a Cristo.

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Adorar a Dios en la noche

Hace unos días estuve de viaje de trabajo en Paris. De los sitios a los que los que suelo ir es de los que mas me gustan. Es una ciudad agradable, si. Llego ya de noche al hotel Lafayette, un edificio de treintaytantos pisos en el centro y, mientras espero a que me atiendan en la recepción, veo un cartelito que dice: “habitación con vistas a la Torre Eiffel, 25 € de suplemento” y me dan una habitación del otro lado. Me resigno a no disfrutar de tan curioso servicio ante la imposibilidad de liquidar luego un gasto así. Subo en el ascensor y luego arrastro mi maleta de ruedas por la moqueta roja que siempre tienen estos hoteles. Abro la puerta y veo una habitación bastante maja y un amplio ventanal al fondo con las cortinas abiertas. Las luces de Paris me dan la bienvenida y, cansado, me tumbo en la cama a contemplarlas. Efectivamente, no se ve la Torre Eiffel pero, de repente, tengo una sorpresa. Entre las luces de las calles sobresale la colina donde está la iglesia del Sacre Coeur , con una luz en la cruz que corona su blanca cúpula. El día que acababa lo hacía sin haber podido ir a misa, y el Señor me regalaba el sosiego de dormirme viendo en la distancia un lugar donde Él esta expuesto perpetuamente. Rezando uno de mis salmos favoritos, pasó muy despacio por donde dice… “Tu bondad y tu lealtad me siguen todos los días de mi vida…” Recostado en esa habitación de hotel, lejos de casa, tengo el sentimiento de que el Señor me había seguido hasta allí y se cuidaba de mi. En la actualidad viajo menos pero, en tiempos, viajaba tanto que cuando me levantaba por la mañana tenía que pensar un rato para recordar en que ciudad estaba.

Hay una mística de la habitación de hotel ¿sabíais? . Yo no tuve una visión esa noche. No me hace falta para sentir la presencia y el cuidado del Señor; pero me viene a la cabeza otra historia de habitación de hotel: se trata de Bob Dylan. A finales de los años 70, yo era un adolescente y me compré mi primer disco con mi dinerillo; bueno, eran los ahorros de muchas semanas pues, en aquella época, los discos costaban una pasta. Era el disco “Slow train coming” de Bob Dylan. Todavía me acuerdo de algunas canciones pero en aquel momento yo no sabía que aquel disco salía después de una experiencia grandiosa en la vida de Bob Dylan, un judío de Minnesota.

Dylan estaba en un concierto en Montreal, con fiebre, y apenas se tenía en pie en el escenario. Era habitual que le lanzaran cosas al escenario, sombreros, flores, etc., pero ese día alguien le lanzó una pequeña cruz plateada. Él no solía recoger nada del suelo del escenario pero aquella vez lo hizo. Le había llamado la atención aquella cruz plateada y pensó que tenía que cogerla. Se la metió en el bolsillo y continuó el concierto.

La ciudad del siguiente concierto era Tucson, Arizona. En la habitación del hotel de Tucson, ya de noche, se encontraba mal. La fiebre había pasado pero tenía ansiedad y pensó que necesitaba algo no hubiera hecho antes. De repente se llevó la mano al bolsillo y allí estaba la pequeña cruz plateada.

Sintió que veía a Jesucristo en su habitación. «Jesús apareció como el Rey de Reyes», dijo posteriormente. «Había una presencia en la habitación que no podía ser de nadie salvo de Jesús… Jesús puso su mano en mí. Era algo físico. Lo sentí. Lo sentí en todo mi cuerpo. Sentí todo mi cuerpo temblar. La Gloria de Dios golpeándome y rescatándome».
«La conversión de Dylan no es una cosa de esas que pasan cuando un alcohólico va a Alcohólicos Anónimos», relataría David Mansfield, miembro de la banda de Dylan y convertido al cristianismo. «La explicación más simple es que tuvo una profunda experiencia cuya respuesta solo puede ser dada a lo largo de toda la vida».

Los entendidos en Bob Dylan dicen que a partir de ese momento empezó a cantar a “alguien misterioso”, y efectivamente lleva toda la vida haciendo canciones a ese Alguien misterioso: es la respuesta que “solo puede ser dada a lo largo de toda la vida”.

El primer disco tras la conversión de Dylan fue mi primer disco. Ya estaba Jesús a mi lado de alguna manera, hablando a través de las canciones; las letras decían cosas como estas:

“Creo en Ti aun en medio de las lágrimas y la risa
Creo en Ti aunque estemos separados
Creo en Ti aun en la mañana siguiente
Cuando el anochecer está cerca,
cuando la noche desaparece,
ese sentimiento aún está en mi corazón.

No me dejes ir lejos.
Déjame estar donde estés Tú y allí seré renovado.
Lo que me has dado hoy, no podré pagarlo nunca…
No me importa lo que digan …
Yo creo en Ti “

Toda la vida de Dylan desde entonces ha sido cantar la respuesta a la presencia de Jesús en aquella habitación de hotel: ¿Cuántas carreteras debe recorrer un hombre para ser llamado hombre, sobre cuantos mares debe volar una paloma hasta descansar en la arena de la playa?…. la respuesta la susurra el viento, la respuesta la susurra el viento,” dice la canción que da música a la canción que muchas veces cantamos en la misa durante el ofertorio: “ En este mundo que Cristo nos da…hacemos la ofrenda del pan, el pan de nuestro trabajo sin fin y el vino de nuestro cantar…”

Volviendo a mi habitación de París con vistas al Sacre Coeur de Montmartre; no tengo una cruz plateada ni tengo una visón, pero siento la presencia del Señor igualmente. Allí dentro, en la basílica que domina el paisaje de Paris hay una gran custodia en el altar mayor mirando a la ciudad que se despliega a sus pies. Abajo, la multitud sigue su vida, arrojada a la existencia. La mayoría, navegando en una existencia sin pretensiones, moviéndose entre los hechos fortuitos de cada día, en la mera facticidad, que diría un desesperado Jean Paul Sartre, que nació y vivió en esta ciudad. La mayoría abraza una existencia inauténtica, fácil , sin conciencia, siendo una cosa más entre las cosas.

Hay una fisura entre el hombre cosa y el hombre infinito , una fisura, la nada, una nada insalvable para Sartre, pues salvarla equivaldría a unirse a Dios, en quien no creía. El hombre sería una pasión inútil que se afana por llenar de escombros la fisura para llegar a sucedáneos de Dios, abocado a una náusea continua ante lo absurdo de la existencia.

Y allí esta el Señor, en aquella colina de Montmartre con una luz en la cúpula. No lo veo pero se que está allí. Hace tiempo, otra de las veces que estuve por allí cogí un papelito que había en la entrada: “ADORAR A DIOS EN LA NOCHE” . Lo había en varios idiomas y pedía voluntarios para la adoración en la noche ante el Santísimo. Bastaba con llamar 24 horas antes. El Señor estaba allí presente en una gran custodia sobre el altar de la basílica frente a la gran ciudad que se agita con sus pequeñas cosas, ofreciéndose a llenar la fisura del hombre para salvarle. ¿De que? Pues …se me ocurre que de sentirse una pasión inútil, como decía Sartre.

Contemplando en mi habitación la basílica siento un sosiego que no puede ser humano, parecido al que se siente los jueves por la noche en la parroquia de Boadilla. Algo tiene la noche que Dios parece más cerca: en la noche ocurrió la Pascua en Egipto, en la noche Jacob luchó con Dios, en la noche nació el Señor, en la noche la Útima Cena, en la noche la oración de Getsemaní, en la noche la Resurrección. Algo tiene la soledad de una habitación de hotel, que hace que solo te oigas a ti mismo. Algo tiene el silencio, el espeso silencio, que deja el camino abierto a la Presencia que puede llenar la fisura existencial, la angustia, la náusea. Por eso, lo mejor es adorar a Dios en la noche.. y en silencio. A veces da sueño y a duras penas te mantienes despierto, pero aún así es necesario el silencio. En el bullicio no se puede sentir Dios, es como el ruido de fondo en la señales electromagnéticas que puede esconderlas y se vuelven inservibles.

“…la respuesta la susurra el viento…” volviendo a la canción de Bob Dylan, está en un susurro, en una brisa suave. El profeta Elías sintió a Dios en una brisa suave mientras adoraba a Dios en la noche en una gruta del monte Horeb (en aquel entonces no había habitaciones de hotel).

En el mismo disco de Bob Dylan hay otra canción, el Evangelio según Dylan, la llaman: “Gotta serve somebody” ; has de adorar (servir) a alguien, al diablo o al Señor. Puedes ser rico o pobre, un drogata o un doctor, pero siempre tendrás que servir al diablo o al Señor. O en otras palabras, siempre llenarás “la fisura” , la “nada” con el Señor o con cualquier escombro. Mucha gente elije esto último , vestido de muchas formas. John Lennon, poco antes de que lo mataran, escribió una canción “respuesta” a la de Bob Dylan. No ahabía acabado de asimilar la conversión del gran Bob Dylan. La canción se llamaba “Serve yourself”, sírvete (adórate) a ti mismo, nadie lo hará por ti. Y habla de la guerra y la pobreza y maldice al Papa, y se hunde en una desesperación sin sentido. ¡Qué respuesta tan pobre! … pobres diablos!.

Cuando Bob Dylan cantó en el Vaticano delante de Juan Pablo II, se volvieron a enfadar con él. ¿Qué será “eso” que enfada tanto a la gente?…. La respuesta esté en el viento, diría él.

Me acabo quedando dormido en la habitación de hotel después de un buen rato, pues siempre extraño las almohadas y me cuesta dormir. Al día siguiente, tras el trabajo, me acerco a Montmartre para adorar al Señor. No importa que no sea de noche. Él siempre está.
Camino por las calles del viejo París…voy caminando, conTigo, en el pensamiento…

Ángel Hernández

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Premio a “La Última Cima”

  Es un gusto que este tipo de películas reciban el reconocimiento de público y crítica. Parece que últimamente estamos viendo que salen más películas de fondo religioso (“De dioses y hombres”, “Alexia”), y espero que esta tendencia se consolide y haya una oferta sólida y entretenida de cine de valores.

La noticia original del premio va a continuación. Sigue leyendo

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En defensa de la asignatura de religión

El Obispo de San Sebastián, Monseñor Munilla, advierte sobre la gravedad del acoso a que se ven sometidos los colegios en relación a este tema, así como sobre las consecuencias de que desaparezca esta asignatura de nuestros planes de enseñanza. A veces pensamos que llevar a nuestros hijos a colegios que la ofrezcan o compensarla con vida parroquial es suficiente, pero aquí no se trata de un “sálvese quien pueda”, sino de la salud moral de nuestra sociedad.

Son palabras incisivas y que ponen el dedo en la llaga, para alertar a aquellos despitados que todavía no perciben la sutil, agresiva y eficazmente peligrosa estrategia del laicismo cristianofóbico, que intenta por todos los medios cargarse la asignatura de Religión

Reproducimos a continuación esta charla, que concluye al final con siete razones por las que esta asignatura debe mantenerse.

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Oración de Dios al hombre

Me doy un paseo por las calles y veo el mundo. Los ojos y los corazones se vuelven a mí con interrogantes de angustia, soledad, necesidad, desorientación… y quiero dar una respuesta.

Miro al mundo y me vuelvo a ti, hombre, para rezarte, para orarte y convocarte, para poner ante ti todas estas realidades, para que veas por mis ojos y sientas con mi corazón.

Necesito tus oídos porque quiero escuchar las historias de una anciana de 80 años, y devolverle una sonrisa para que sepa que no está sola, que no sobra.

Necesito tus brazos porque quiero dar un abrazo y proteger al niño que mira asustado al mundo que le agrede.

Necesito tus palabras porque quiero saludar y llamar por su nombre al que pide por las calles y es invisible para los ojos de los que vais corriendo detrás del reloj.

Necesito tus manos porque quiero darle una palmada de ánimo a quien, a pesar de sus recaídas, lleva quince días sin consumir.

Necesito tu trabajo porque quiero meter la mano en el bolsillo y ayudar a María que trabaja sin parar y a su marido Manuel que lleva cinco años en paro y tienen tres niños.

Necesito tu corazón porque quiero acoger a Reinaldo, que tuvo que dejar su país porque no tenía futuro y se han convertido en uno sin papeles.

Te necesito a ti porque quiero explicar a muchos hombres que Yo tengo un mensaje de amor y libertad para ellos.

Te necesito a ti porque quiero acariciar al que no recibe caricias, nombrar al que no tiene nombre, gritar con el olvidado, cantar con el que está alegre y llorar con el que llora.

Necesito que les digas que son el centro de mi vida.

Te rezo para que seas mis manos, mis ojos, mis oídos y mi boca.

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Benedicto XVI sobre las redes sociales

El pasado 24 de enero, con motivo de la 45 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa hizo unas interesantes reflexiones sobre el  anuncio del Verdad en la era digital, que reproducimos a continuación:

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¿Libertad religiosa? Depende…

Acabo de leer un interesante artículo en la web de “Vive con alegría” que matiza la diferencia entre el libre albedrío (libertad de conciencia) y lo que se entiende como libertad religiosa. Mientras que el primero sería un derecho absoluto e íntimamente asociado a la dignidad de la persona, sin que nada ni nadie se lo pueda quitar, la libertad religiosa entraría dentro de lo que llama “libertades de acción”. El ejercicio de la libertad religiosa no sería absoluto, sino que estaría sujeto a que su ejercicio se oriente a la verdad y al bien.  Aquí aparecen entonces los poderes civiles como los encargados de definir los conceptos de verdad y bien, eliminando cualquier origen transcendente de los mismos y reduciendo la religión y la Iglesia a un papel totalmente subordinado al Estado.

A continuación reproduzo el artículo entero:

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Las tres de la tarde: hora de la Misericordia del Señor

El Señor le pidió a Santa Faustina Kovalska que rezasemos la Corona de la Misericordia a las 3 de la tarde (hora a la que murió en la Cruz)

Coronilla de la Divina Misericordia:

Se utiliza un rosario común de cinco decenas.
1. Comenzar con un Padre Nuestro, Avemaría, y Credo.
2. Al comenzar cada decena (cuentas grandes del Padre Nuestro) decir:
“Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo,
la Sangre, el Alma y la Divinidad
de Tu Amadísimo Hijo,
Nuestro Señor Jesucristo,
para el perdón de nuestros
pecados y los del mundo entero.”
3. En las cuentas pequeñas del Ave María:
“Por Su dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros
y del mundo entero.”

4. Al finalizar las cinco decenas de la coronilla se repite tres
veces:
“Santo Dios, Santo Fuerte,
Santo Inmortal, ten piedad de
nosotros y del mundo entero.”

Según el diario de Santa María Faustina Kowalska:
“Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado… Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia.”
“Escribe que cuando digan esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y el, no como Justo Juez sino como Misericordioso Salvador.”

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